Filosofía

Mercado ético es un sitio de comercio electrónico que conecta las marcas sustentables con los consumidores responsables.

Hoy existen cada vez más personas que entienden la importancia del consumo responsable. Por eso proliferan las certificaciones que garantizan que tal o cual producto no fue hecho por niños, o mano de obra esclava, o devastando ecosistemas. Sin embargo, los productos con tales certificaciones muchas veces son difíciles de encontrar, pues se encuentran distribuidos y mezclados entre los demás productos, y por eso a los clientes bienintencionados se les hace difícil el consumo responsable. Mercado ético viene a resolver este problema, ofreciendo una plataforma donde el cliente consciente puede comprar sin mayores preocupaciones, y al mismo tiempo apoyar a los emprendedores que sí empujan por un futuro mejor.

Además, Mercado ético es una plataforma de difusión de temas afines, tales como el consumo responsable, la sustentabilidad, la importancia de la dieta, la economía circular, etc.

Consumo responsable

Se el cambio que quieras ver en el mundo. —Mahatma Gandhi

Comprar es votar. Cada vez que comprás algo, estás votando con tu dinero a favor de ese producto y de todo el sistema que lo trajo a tus manos. Estás votando que se siga produciendo, y que se siga produciendo de la manera en que se viene produciendo. Comprar una remera hecha por trabajadores explotados es apoyar la explotación, y comprar productos hechos con minerales extraídos en minas contaminantes, es apoyar esas prácticas. A veces no queremos pensar en ello, o nos ponemos excusas para no aceptar la simple verdad. Sin embargo, no podemos escapar a nuestra responsabilidad ni a nuestra libertad de elegir. La única excusa válida es la ignorancia, pero usted, lector, ya no tiene ni eso. Es momento de hacerse cargo.

Cada compra a una marca sustentable es un voto en favor de la sustentabilidad, y un voto en contra de los sistemas insostenibles.

Si el modo de producción actual es tan destructivo, se debe a que los consumidores seguimos comprando los productos de esa destrucción. Es hora de aceptar que las grandes empresas y sus dirigentes no son los únicos culpables, sino también nosotros, los consumidores, por dar nuestro aval con cada compra.